sábado, 21 de enero de 2017

El toro en el caballo

El caballo es la auténtica prueba de la bravura y poder del toro bravo, tanto en la plaza como en el campo. Pero, ¿cuáles son las características que nos permiten diferenciar la bravura de la mansedumbre? ¿Podemos decir que es muy bravo un toro que se arranca a mucha distancia?

El caballo es la auténtica prueba de la bravura y poder del toro bravo, tanto en la plaza como en el campo, pues los ganaderos siguen aprobando sementales y vacas según sea la pelea del animal con el jaco. Puntualizar aquí que los ganaderos que seleccionan en base a la faena de muleta, cometen un grave error al dejar en segundo lugar a este termómetro de la bravura que es el caballo.

El tercio de varas tiene varios objetivos. Uno de ellos medir la bruvura, además de comprobar la casta y el poder de la res. El otro es quitar pujanza al toro, ahormar la embestida y que el animal sangre para que se descongestione.

Las varas importantes son las que vienen después de la primera, porque es a partir de la segunda entrada al caballo cuando el toro ya sabe a dónde va y lo que se va a encontrar.

El caballo no podrá sobrepasar la primera raya blanca pintada en el ruedo y el toro ha de dejarse en suerte detrás de la segunda, que tampoco podrá sobrepasar.

El toro bravo es aquel al que no le cuesta entrar al caballo que está en la contraquerencia. Ya citado por el picador, se arranca con alegría, embiste recto al caballo y no busca los pechos. Una vez ahí se crecerá en el castigo. Con la cabeza abajo y fijo en el peto, empujará con los riñones afiazándose sobre las patas traseras, recargará; romaneará; costará sacarlo del caballo y en ocasiones habrá que meterle el capote para "quitarlo". Si en los siguientes puyazos el toro sigue mostrando los comportamientos anteriores, estamos ante un gran toro. Se le da mucha importancia a la distancia desde la que se arranca al caballo, que desde luego es un aliciente y un espectáculo, pero lo importante es la pelea en el peto. De nada sirve un toro que se arranca desde 20 metros pero no pelea y se deja pegar.

Hay veces que los toros tardan en entrar al caballo en sus respectivos puyazos. Tardar un poco no quiere decir que sean mansos, sino tardos de condición. Sí indica mansedumbre una tardanza prolongada.

El toro manso muestra resistencia a ir al caballo, rehuye o hay que llevarlo casi debajo del peto. Es también comportamiento de manso irse a los pechos del caballo y engancharlo por delante, sin embestir de verdad. Manso de libro es el que se va al caballo que guarda puerta. Cuando se produce el encuentro el toro manso se deja pegar y no pelea; intenta quitarse el palo; hace sonar el estribo porque al no estar fijo cabecea; empuja con un pitón y deja fuera el otro para así tener un ojo puesto en una posible defensa; sale suelto. Muy manso es aquel animal que llega al caballo, topa y se va del encuentro. Para los siguientes encuentros con el caballo, confirman su condición de mansos aquellos toros que insisten en estos comportamientos. En la segunda entrada, otra de las cosas que definen a los toros mansos es la necesidad de cambiar al caballo de terrenos, ya que rechazan el sitio anterior por asociarlo con la pelea.

Un tema llevado no pocas veces a debate es el peso que conforman caballo, peto y picador. Hay quien opina que el peso es el adecuado, y quién piensa que tal cantidad de kilos va en contra del espectáculo, pues cuando el toro se topa con el caballo actual, es como si se encontrase con un muro imposible de derribar; un muro contra el que no puede, cesando en su ímpetu por frustración. Una especie de barrera psicológica que hace que el toro tire la toalla.

Si todo lo que se le haga al toro va a repercutir en cómo se comporte conforme avanza la lidia, no digamos del tercio de varas. La labor del picador es fundamental para el desarrollo de un festejo. El buen profesional dará el puyazo en el sitio y medirá bien el castigo. Porque si pica en el sitio conseguirá ahormar la embestida mediante la rotura de los músculos extensores o elevadores, lo que hará que el toro humille, siendo necesario que dé el puyazo en la caída del morrillo. En contra, si no pica donde debe, no conseguirá romper esos músculos y además posiblemente cause alguna lesión ósea, artícular o de otro tipo. Son escasos los toros que se pican en esa zona, quizá por la dificultad que entraña. Muchos picadores profesionales coinciden en la dificultad de picar en la caída del morrillo porque el cuello del toro queda prácticamente escondido debajo del peto del caballo y del estribo. Aun así, la zona adecuada es esa. No es opinión, es pura anatomía. Por poner un ejemplo, los toros que se pican muy atrás sufren daños que hacen que se "apaguen" durante la lidia. Además, la vara es correctora, por lo que un toro bien picado corregirá sus defectos mientras que los puyazos que caen en mal sitio pueden ampliar dichos defectos. En cuanto a medir los puyazos, lógicamente según la pujanza de cada toro el picador debe dar más o menos castigo.

jueves, 12 de enero de 2017

Roberto Domingo: "Un coleo"



El cuadro "Un coleo" pertenece al Museo Reina Sofía pero se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Granada, en La Alhambra.

sábado, 7 de enero de 2017

El toro, de salida

Cada encaste tiene un comportamiento distinto a la hora de la salida al ruedo. Los toros de encastes vazqueños salen con fuerza y los vistahermosas, con algo de frialdad.

Un toro bravo saldrá con pies y rematando. Acudirá siempre a los cites y mostrará fijeza. Tras la primera toma de contacto con el capote no saldrá de los lances mirando tablas sino que volverá a acometer humillando. El torero le ganará terreno en cada lance y al toro no le costará salir hacia afuera. Rematada la serie de recibo, el toro no se irá por el ruedo a su aire sino que quedará atento para volver a acometer; de ahí que el lidiador necesitará sujetarlo.

Un toro manso saldrá dando vueltas al ruedo sin rematar en tablas sino buscando la salida, barbeando tablas o incluso intentando saltar al callejón. Con frecuencia se emplaza y no acude fácilmente a los cites. Luego, una vez que acude sale suelto o mirando tablas, o incluso huyendo hacia ellas. Escarba, retrocede, pasa por las telas sin acometerlas realmente. En cada lance, al contrario del bravo que sale hacia afuera, aprieta para adentro.

Un toro bravo pero descastado tiene reacciones son muy buenas pero no tiene motor o fuerzas para moverse. Un toro manso y encastado se mueve mucho, incluso con fuerza, pero sin fijeza y huyendo.

No es prudente que el público pite enseguida a un toro que acaba de salir y pierde las manos o cojea. Después del enchiqueramiento puede salir encalambrado y eso se le puede pasar al poco tiempo. Dar una o dos vueltas al ruedo como reconocimiento no tiene que indicar, sin más, mansedumbre; ésta se mostraría si las vueltas fueran frecuentes y una vez empezada la lidia.

Finalmente, el toro irá mejorando o empeorando según la lidia que le den el matador y sus peones.

jueves, 5 de enero de 2017

Los números de Bilbao 2016

En 2016 los números finales de las Corridas Generales de Bilbao mejoraron respecto a temporadas anteriores. Así lo declaró el concejal Ricardo Barkala, según el cual Vista Alegre consiguió unos ingresos cercanos a los 389.000 euros, un 0,8% más que en las fiestas anteriores, a pesar de que las entradas descendieron un 15% respecto a 2015. Los salvadores han sido los derechos de televisión cobrados por la retransmisión de las nueve tardes del abono norteño; por este concepto se han facturado 900.000 euros (a 100.000 euros la corrida televisada). Lo demás lo hizo el ajuste en los cachés de los toreros y la mejora de la gestión con una política de contención de gastos. Como razones a la bajada de público, explicó las coincidencias de partidos del Athletic, la llegada de José Tomás a la Semana Grande de San Sebastián y la ausencia de Roca Rey en el serial vasco. En resumen, de los 52.000 euros de pérdidas en 2015 se ha pasado a los 4.600 euros de beneficio.