domingo, 22 de mayo de 2016

Diana Picasso

Diana Picasso, nieta del gran pintor Pablo Picasso, dice:

"Picasso mostró una pasión ardiente por la tauromaquia y la utilizó como artista.
Su afecto por los toros y por aquellos que toreaban era una herencia de su padre, quien le inició en las corridas cuando era un niño.
La tauromaquia fue uno de sus temas preferidos hasta el final de su vida.
En los años 50 participó en las fiestas taurinas del sur de Francia y pasó mucho tiempo en compañía de los toreros.
Él consideraba ese arte como una gran tradición española".

Después de esto, todavía habrá algún experto a la violeta que diga que Picasso era pese a sus numerosas obras de temática de toros un antitaurino.





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viernes, 20 de mayo de 2016

Manet 2: Un matador

Édouard Manet (Paris, 1832–1883)




"Un matador" (1866). Óleo sobre lienzo. 171.1 x 113 cm.
Havemeyer Collection.

jueves, 19 de mayo de 2016

Manet 1: Victorina Meurent vestida de torero

Édouard Manet (Paris, 1832–1883)





"Victorina Meurent vestida de torero" (1862). Óleo sobre lienzo. 165.1 x 127.6 cm.
Havemeyer Collection.


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miércoles, 18 de mayo de 2016

Checa: La Martina

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Ulpiano Checa. Acuarela sobre papel. Museo de Colmenar de Oreja.

Martina García fue una famosa torera que nació en Colmenar de Oreja el 25 de julio de 1814.





sábado, 14 de mayo de 2016

Fernando Savater: Tauroética

Los animales no tienen derechos en el sentido estricto de la palabra, pues tampoco tienen deberes.

El derecho es una cosa que los seres humanos nos concedemos. Entendemos que uno tiene un deber y por lo tanto otro tiene un derecho correlativo de exigirlo.

Un animal vive fuera del reino de las leyes. Uno puede concederle derechos. Por ejemplo, una vaca que vive en mi finca tiene derecho a estar allí porque es parte de mi derecho a tener vacas, pero la vaca no tiene en sí misma derecho. Cuando se destroza una selva, el hecho es motivo de sanción porque viola mi derecho y el de mis hijos al oxígeno y a la belleza, pero no porque los árboles tengan derechos.

Los animales son seres vivos con los que podemos tener una relación afectiva, aunque ellos no nos reconozcan afectivamente como nosotros a ellos. Un perro sabe quién es su dueño porque le da comida, pero un perro no ama a nadie. Se crea una sensibilidad que no es otra cosa que el deber de tratarlos para lo que sirven. Si uno lidiara una oveja, pues ello estaría mal, las ovejas no están hechas para eso. Tratar a un animal de una forma indebida es una indelicadeza.

No olvidemos que hay personas muy malas que han tenido muy buenos sentimientos por los animales. Las dos primeras leyes de protección a la Naturaleza que incluían el derecho de los animales las hizo Hitler en Alemania. Fueron las primeras leyes ecológicas en Europa, y él mismo tenía su perro al que cuidaba y quería.

Las Ventas el 13 de mayo de 2016






jueves, 5 de mayo de 2016

Goya a Martín Zapater en 1784

«Tienes muchos asuntos y te pide el cuerpo venir a Madrid, lo dejas todo y te vienes a ver cuatro fiestas de toros y comedias y te ríes muy bien de todo...».







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Goya

«Yo estoy lo mismo, en cuanto a mi salud; unos ratos rabiando con mi humor, que yo mismo no me puedo aguantar, otros más templado como éste que he tomado la pluma para escribirte, y ya me canso, sólo te digo que el lunes si Dios quiere iré a ver los toros, y quisiera que me acompañaras.»









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Valentín Carderera

«Goya se transformaba los días de toros. Con su gran sombrero, su chupa y capa terciada, con su espada debajo del brazo... entablaba relaciones con los toreros de más nombradía. Injeríase, identificábase con aquellas interioridades que más perfectamente revelan el carácter de sus héroes».






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Enrique Lafuente Ferrari

«Los toros cobran en la total obra de Goya una tal importancia que no cabe explicarla por ninguna circunstancia histórica, sino por pura inclinación personal».




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La exposición sobre Tauromaquias Universales de André Viard

(de Javier Fernández Caballero, en Aplausos)

André Viard trae su nueva obra itinerante: Tauromaquias Universales. La exposición, de la que ya Olivenza, Valencia y Zaragoza fueron testigo en los primeros compases de la temporada, llega a la plaza de Las Ventas con el objetivo de ser lanzadera para las Ferias del resto del año. La historia del uro desde sus inicios, de la bravura de un animal único hasta la actualidad y del paso del tiempo en esta Fiesta milenaria puede visualizarse con la estatua del animal sagrado presidiendo la muestra. Hablamos con el propio Viard.

¿Qué se va a encontrar el aficionado que acuda a los toros y, en los primeros días de San Isidro, decida acudir antes a la exposición Tauromaquias Universales?

El proyecto trata de mostrar que la tauromaquia, en el sentido más amplio de la palabra, no es una invención reciente y no es una cultura reducida a España, sino que es una manifestación cultural que se desarrolló en todo el entorno Mediterráneo y en gran parte de Europa y que por circunstancias históricas se redujo, a partir del siglo XVII, a la Península Ibérica y al sur de Francia. ¿Por qué? Porque en todas las otras regiones, el uro salvaje se aniquiló y los bovinos que procedían de él se domesticaron. No quedó ningún toro salvaje fuera de España y del sur de Francia. De forma milagrosa, el hecho de que los descendientes salvajes y bravos del uro hayan sobrevivido, ha permitido que se sigan practicando las tauromaquias que en la exposición se muestran.

Esta teoría tira por tierra todas las conjeturas animalistas actuales que dicen que el toro es una creación humana para una Fiesta artificial…, ¿no?

El bovino ancestral es el bravo, el agresivo. Entonces puede desaparecer la vaca lechera, porque se puede volver a inventar; puede desaparecer el limusino, especies que se han creado por humanos; pero no puede desaparecer el toro bravo porque es la raza fundamental de la que salen las otras y si desaparece, no se puede volver a inventar porque la bravura no es una máquina, es un carácter. Y el carácter el hombre no lo puede inventar. La raza nace con este carácter, que el hombre ha preservado. Por eso los animalistas no pueden y no quieren entender esto, porque lo que quieren es abolir la corrida porque piensan que sería un símbolo muy fuerte en su lucha global, que es hacer que el hombre no pueda utilizar más a ningún animal para ninguna actividad.

Todos sabemos que el grueso animalista empieza por el Toro de la Vega, sigue por las corridas de toros y terminará por hacernos a todos vegetarianos…

La lucha contra los toros es sólo una pequeña parte de su proyecto, en la que los convertiría pasar a otras metas más amplias. Por eso es importante. Estamos en una lucha de civilizaciones ahora mismo. Desde que el hombre se hizo hombre y salió de la animalidad para hacerse humano, el mundo se organizó bajo un concepto muy sencillo que es el antropocentrismo: el hombre tiene derecho a adueñarse de la naturaleza y lo hace por mérito propio. Era un animalito muy pequeño, sin armas, sin dientes grandes… y la única fuerza que tenía era su inteligencia. Y gracias a esa inteligencia, el hombre se ha hecho dueño del planeta gracias a las otras especies. ¿Que abusó en cierto caso? Pues seguro, y por eso la ecología tiene una función muy importante para regular el uso de los animales. Pero existe otra ecología, que es la que llaman ecología profunda, que no quiere sólo regular la actividad humana.

¿En qué más teorías o dogmas se basan estos grupos para tirar por tierra la historia milenaria de la tauromaquia?

Hay otro dogma, el biocentrismo, que dice que el hombre no es el centro de la creación, sino una especie más, que no tiene más derecho y que no tiene por qué adueñarse de los demás especies. Vemos que es una teoría que nace de la ideología nazi, que se conceptualizó antes de los años 30, que luego se extendió poco a poco a través de filósofos y que ahora mismo ha dado a luz en lo que se llama la ecología profunda y, por ende, en todos los movimientos animalistas, y en una pequeña parte de éste, en el antitaurino. Es muy peligroso, quieren abolir toda actividad humana relacionada con el animal y hacer del humano un animal más. Contra esto hay que luchar, no sólo los aficionados, sino los ciudadanos y los responsables políticos, que están elegidos por humanos para defender a los humanos, no para defender a los animales ni para hacerlos retroceder a la condición animal.

Ahora, que está de moda financiar con dinero público exposiciones animalistas como Carmena ha hecho con 40.000 euros en "Madrid, capital animal”, el toreo se autofinancia para mostrar su verdad. Y en eso la Unión Nacional de Picadores y Banderilleros ha apostado firmemente.

Estoy tremendamente agradecido. Es muy simbólico. Ver a toda esta gente movilizarse así y patrocinar la exposición en Las Ventas me llena de orgullo, porque veo que los toreros han entendido cuál es la naturaleza del problema y qué es lo que se juegan. Vamos mucho más allá de la Fiesta taurina. Defendemos un proyecto de civilización que existe en todas las religiones, en todas las morales y en todas las filosofías. Primero el hombre, el mundo que lo rodea, después. Lo han patrocinado y estoy muy agradecido a ellos, como lo estoy con los otros patrocinadores. EL primero que creyó en el proyecto fue Simón Casas, por eso hemos estado en Valencia y Zaragoza, además de Olivenza con su Ayuntamiento y con el empresario José Cutiño. Ya estamos trabajando con la Casa Chopera para Salamanca. Es un proyecto en el que no ha habido exclusiva, como hacen algunos toreros, sino con el que ha habido que ganarse la repetición, y pienso que el mundo del toro se va a involucrar y va a apostar.

¿Y si diéramos la vuelta a España?

Ojalá demos la vuelta a España y demos la vuelta a la tortilla, porque cuando se ve que en Madrid el Ayuntamiento financia con el dinero de todos los madrileños, con los impuestos de todos los ciudadanos, aquí sacamos pecho y decimos la verdad con nuestro dinero. Esa exposición de "Madrid, capital animal” es un himno al odio hacia el humano. Sobre todo ese cartel. Que unos responsables políticos de una ciudad tan importante se atrevan a eso es muy grave. No es un problema político, es un problema humano. ¿Qué tipo de persona puede estar detrás de estos ataques y qué tipo de políticos puede financiarlos? ¿Qué tipo de funcionario puede trabajar para ello? Es un crimen contra la figura de Goya. Que los antitaurinos comparen la obra de Goya con lo que han hecho cuatro artistas fracasados es un crimen hacia la figura histórica de Goya, ¿quién lo permite?

Y lo más importante, ¿hasta qué día estará la exposición en Las Ventas, qué horario tiene y cuál es su futuro más inmediato?

Ahora mismo está abierta durante las mañanas, de 10 a 13:30, y por las tardes, una hora antes del festejo, pero acabamos el día 8. Hay que darse prisa. Hay mucha gente que se está quejando, que dice que por qué no se ha quedado todo San Isidro, pero esta es la mejor contestación a "Madrid, capital animal”. Esta es la dialéctica que hay que emplear contra los ataques para intentar difundir en la sociedad otro mensaje que el que hay, porque ahora mismo el que hay es el que han escrito los antitaurinos. Nosotros no hemos tenido hasta ahora un relato fundacional como el que tienen los antitaurinos, y ahora lo poseemos con Tauromaquias Universales, con la exposición y el documental. Hace falta difundirlo, con las Universidades y los colegios. Es fácil, pero hay que meternos manos a la obra porque si no nos van a ganar no la batalla con las ideas, pero sí la de la comunicación, porque emplean medios económicos extraordinarias mientras nosotros tenemos que luchar con cuatro duros. Si no se encuentran patrocinadores, no llegará a verse en toda España. Ellos mueven millones de euros, y nosotros vamos juntando mil euros por mil euros para sacar esto adelante. Pero la fe no nos falta. Destaco, de nuevo, en la gente que ha creído hasta ahora en el proyecto. Hemos hablado de ir a la Universidad de verano de Almería, a Burgos, a Gijón, a Albacete… como un torero que está haciendo su campaña. Si estamos bien, que nos repitan…

miércoles, 4 de mayo de 2016

El relato de las Tauromaquias Universales

El Relato Fundacional de Tauromaquias Universales, según André Viard



La fe nace del dogma. No existe mito, religión, moral o ideología sin un relato fundacional que ofrezca un dogma a todos sus seguidores. Escrito hacia el año 2000 antes de Cristo, el poema épico de Gilgamesh –quien, entre otras hazañas, mató al Toro Celeste- fue el primer relato fundacional que abordó la búsqueda de la inmortalidad y sirvió de base para las religiones mesopotámicas. Después, sobre el siglo VIII a.C, nació la Biblia, poco antes de que los pre-socráticos griegos estableciesen los cimientos de la filosofía. Todos fundamentan su visión del mundo en el antropocentrismo, según el cual el hombre es el eje de la Creación.

Nacido a mediados del siglo XX y radicalmente opuesto a todos los grandes mitos, religiones y morales anteriores, el relato fundacional vegano nace del naturalismo nazi, germen de la ecología profunda. Ésta conceptualiza el dogma del biocentrismo, el cual decreta que todas las especies deben gozar de los mismos derechos y que el hombre es sólo un animal más. La consecuencia de este relato fundacional es que hay que prohibir todas las actividades humanas que utilizan a los animales, empezando por la corrida de toros: según el relato de los veganos, « la Fiesta es tortura y la tortura no es cultura ». Este relato mentiroso no supondría peligro alguno si hubiera otro, con la misma capacidad de difusión, capaz de restablecer la verdad. Pero como no existe, el relato vegano está difundiéndose en todas las sociedades modernas con la misma facilidad que los grandes relatos fundacionales en la humanidad primitiva: hoy en día, para las nuevas generaciones, declararse vegano -y antitaurino- equivale a reivindicar su progresismo cuando, en realidad, significa militar, de forma más o menos consciente, a favor del fin de una civilización llena de valores ejemplares y apoyar el advenimiento de otra civilización cuyos fundamentos son subversivos.

Es fácil entender el peligro de la situación: si frente a este relato demoledor sólo somos capaces de asegurar que Morante es un artista grandioso y Cobradiezmos un gran toro bravo -ambas cosas ciertas, por supuesto-, no podremos detener el avance de esta ideología difundida por una secta liberticida que extiende sus tentáculos a nivel mundial con la constancia de la gota de agua, capaz de penetrar en la roca más dura. No se trata, obviamente, de convencer a los veganos de que están equivocados como en todas las sectas su integrismo los vuelve fanáticos-, sino de dirigirnos al resto de la sociedad para explicar, a través de otro relato, lo que la Tauromaquia es y representa. Aunque parezca mentira considerando el imponente número de obras que los toros han inspirado a través de los siglos, este relato fundacional no se ha escrito antes de "Tauromaquias Universales", que llega en el momento oportuno para llenar este vacío.

Su fundamento es incuestionable: 20 milenios antes de los primeros relatos escritos, los cuales ensalzan la figura del hombre como eje del mundo y de la naturaleza, las pinturas parietales de Villars y de Lascaux sientan las bases del antropocentrismo que las religiones y morales posteriores erigieron en dogma universal.

¿Qué vemos en Villars? Un hombre desafiando a un toro, arriesgando su vida para matarlo y asegurar así el futuro de su gente.

¿Qué vemos en Lascaux? Un hombre derrotado por el toro, después de haberlo herido de muerte.

¿Dónde se encuentran ambas pinturas? En el ábside de dichas cuevas, lo que demuestra su dimensión religiosa.

¿Qué es lo que se venera? No al toro, sino al hombre que sacrifica su propia vida para salvar la de los demás.

El relato fundacional de las Tauromaquias Universales parte de esta dimensión religiosa y de la figura crística que se le atribuye al hombre cuando se enfrenta al toro. Esto nos permite atribuir a la corrida de toros moderna una justificación más universal que el arte de Morante o la bravura de Cobradiezmos. Ambos son el Grial que los aficionados persiguen, pero también la manifestación contemporánea del hecho fundador: su valor real reposa en que legitiman la fe y regeneran el dogma.

Hace 23 milenios, cuando pintaron la "tauromaquia" de Villars, nadie cuestionaba que el hombre matase al toro: era la condición de su supervivencia. Después de extraerse de la animalidad -en parte gracias a la alimentación, la cual enriqueció con la carne de las demás especies, favoreciendo el desarrollo superior de su cerebro lo que, a su vez, permitió que el hombre primitivo inventara las armas que la naturaleza no le había otorgado-, nuestro lejano antepasado salió a la conquista del planeta adueñándose de él. Y el primer héroe de la Humanidad, homenajeado en la cueva de Villars, fue un cazador de toros. A continuación, a lo largo de veintitrés milenios, las Tauromaquias Universales simbolizaron esta lucha por vencer a la naturaleza, hasta que todas desaparecieron en las regiones donde se desarrollaron, a medida que el toro salvaje desaparecía en ellas. Este rito nacido con la Humanidad se perpetuó, sin embargo, en España y en el Sur de Francia, donde algunas ramas procedentes del uro primigenio consiguieron resistir a la erradicación y superaron la domesticación. Entre tiempo, la lanzada de los principios había dado a luz unas prácticas más sofisticadas, hasta llegar a la corrida moderna que las sublimó cuando el hombre inventó la muleta: a partir de ese día, el 15 de agosto de 1720, la lucha brutal evolucionó hasta el arte delicado.

Hasta hoy, esta historia no se había contado de forma global y la ausencia del relato fundacional permitió que los veganos difundieran sin complejos algunas mentiras tan colosales como la supuesta condición anti-taurina de Goya, el origen franquista de la tauromaquia, o la leyenda de los suplicios al que, según ellos, los aficionados someten al toro antes de lidiarlo en la plaza: agujas en los testículos para que no se pueda tumbar durante varios días, vaselina en los ojos para que no vea bien, algodón en el morro para que no pueda respirar, sacos de arena sobre los riñones... unas fantasías que dicen mucho de sus propias patologías.

La creciente influencia de la ecología profunda explica los ataques que sufre la Fiesta, pero también la involución de las mentalidades: mientras que el hombre primitivo se apropiaba de manera simbólica de las virtudes del animal salvaje que combatía o sacrificaba, el hombre moderno proyecta su neurosis sobre las especies que ha domesticado. Si las representaciones zoomorfas de la Antigüedad respondían a una necesidad de trascendencia, el antropomorfismo contemporáneo hace regresar al humano hacia la animalidad.



En contra de todas estas mentiras, hoy en día, el toro sigue siendo un animal distinto entre todos por el trato privilegiado que el hombre le dedica. Cierto es también que el torero que pone su vida en peligro enfrentándose a él sigue ofreciendo a los humanos un alimento fundamental. No se trata de satisfacer necesidades meramente materiales - la carne del toro, por ejemplo- sino sobre todo espirituales: sacrificando al toro de manera ética en el altar de la estética, el torero ofrece al mundo una catarsis liberadora.

Éste es el relato fundacional que las Tauromaquias Universales ofrecen con su exposición y su documental. Si somos capaces de difundirlo dentro de una sociedad que desconoce totalmente los valores de la Tauromaquia, podremos detener los estragos provocados por el relato negativo escrito sobre la Fiesta por los anti-taurinos, parte visible del iceberg vegano. Un relato que, gracias a la potencia comunicadora que brinda a sus autores la ayuda interesada de unas ONG oportunistas o de unas industrias que se nutren del mercado de las mascotas, consiguió atraer a parte del mundo político en la telaraña animalista, hasta provocar que algunos partidos se atrevan a cuestionar la existencia de una cultura milenaria compartida por decenas de millones de ciudadanos.

A la vista del desinterés o de la animadversión de los medios generalista hacia la Fiesta, no será fácil contrarrestar el relato animalista. Pero se debe intentar, puesto que es la única vía de salvación que tenemos actualmente.

Afortunadamente, si no podemos contar con el apoyo de muchos medios generalistas, disponemos de Internet, el mismo arma empleada por los veganos para acorralarnos: de ahora en adelante, le toca a cada aficionado convertirse en apóstol de su cultura, para difundir por todas partes, a través de las redes sociales, el documental Tauromaquias Universales con el fin de compartirlo en el mundo entero. Por eso se realizó en español, en francés, y dentro de poco en inglés, portugués… y quizás en chino.

De la misma manera, los actores del mundo taurino deben apoyar la logística de la exposición, cuyo objetivo es instalarse en todos los pueblos taurinos, todas las universidades, todas las ciudades, y sobre todo, en aquellas donde el peligro tiene nombre y apellido. Hay una cosa segura: a cada ciudadano que acaricie el Toro Mítico instalado en el laberinto de la exposición, le pasará lo mismo que a nuestros antepasados cuando se acercaban a sus tótems mágicos. En él, encontrarán la fuerza para resistir a la desesperanza y para luchar por su pasión.

Defender la Fiesta es defender un modelo de civilización, mientras que prohibirla supone darle la espalda a la historia de la Humanidad. Quizás esta afirmación le parezca algo rimbombante a los incrédulos, pero si se esfuerzan en estudiar el legado del Museo de las Tauromaquias Universales, verán la Fiesta como es, y no como se la han contado:

-La Fiesta simboliza la elevación del hombre primitivo, desde el estado de natura al estado de cultura, superando su instinto de supervivencia a través de una búsqueda ética y estética, la cual transformó la caza original en una práctica artística universal.

-La Fiesta representa también la apropiación por parte del pueblo de un privilegio real, y un ejemplo de convivencia entre las clases sociales. Además, ante la violencia homicida de la sociedad contemporánea, la muerte del toro, colofón de un ritual solemne, cumple una innegable función social y reconciliadora, comparable a la de los misterios de la Antigüedad.

-Finalmente, la Fiesta es un factor de preservación de la biodiversidad mediante la conservación de una especie en su medio ambiente, respetando su identidad y bienestar dentro de los límites de su función: combatiente temido y respetado, el toro es el indicador del valor del hombre que se enfrenta a él, quien pone en riesgo su propia vida, ofreciendo de manera digna el único fin digno de su grandeza.

Como todas las culturas que no atentan contra los derechos humanos, la corrida debe ser respetada en nombre de la diversidad, pero sobre todo en nombre de los derechos universales que porta, y que la convierten en un incuestionable Patrimonio de la Humanidad.








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