viernes, 29 de abril de 2016

El reich animalista

El cantante argentino Andrés Calamaro ha publicado en la Tercera de ABC un artículo interesante, que publicamos:


EL REICH ANIMALISTA


Es complicado entender por qué tanta gente odia (literalmente) a los aficionados taurinos, toreros, banderilleros y otras profesiones relacionadas con el mundo del toro. Yo no creo que responda a cuestiones humanitarias, porque un buen número de estos individuos se permiten pensamientos sanguinarios: odiar y -como quien no quiere la cosa- andar pregonando que aficionados y toreros merecemos todo tipo de castigo divino, incluso cierta clase de empalamiento horrible.

Supongo que no desean a los cocineros una muerte terrible, hervidos en agua caliente o calcinados sus cuerpos a la parrilla ni al calor de los fogones; y este no es un detalle menor, porque España y el mundo están sembrados de restaurantes donde se guardan refrigerados -para ser espléndidamente comidos- un importante número de restos de animales mamíferos y pescados. Sin embargo la gastronomía, que involucra permanentes escenas de matanza y descuartizamiento, está muy bien vista. El auge de su prestigio incluso deja en evidencia una cierta pereza (u holganza) intelectual interesante.

Habitamos en un mundo que da la espalda a la lectura en beneficio de la televisión. Un mundo que ignora la pintura y la escultura en favor de los deportes televisados o el consumo frívolo; que olvida la ópera y el teatro, pero vive absorto ante una pequeña pantalla portátil (entre otros muchos ejemplos diarios de lo que es la vida moderna). Es un mundo que fácilmente se entrega a una corrección política entre comillas y para haraganes; que puede permitirse el «factor desprecio», el odio inquisitorial, una tormenta de opiniones irresponsables y reaccionarias, de deseos imperdonables. También se permiten mirar a otro lado mientras el mundo se desangra en una desigualdad inestable, que mata de hambre en las guerras o en las paupérrimas barcas del exilio forzado: se permiten demasiado y, al mismo tiempo, demasiado poco.

Creo no equivocarme si considero que este fenómeno no es más que ignorancia desatada, incluso en ámbitos universitarios afines a la intolerante abolición. El Reich animalista se considera además a sí mismo el protagonista permanente de una buena acción solidaria, curiosamente humanista o rabiosamente animal. Sin embargo, desnuda un bestialismo intolerante, una profunda pereza intelectual y un peligroso desapego por la sensibilidad correcta, por la vida satisfactoria y la natural tolerancia que impone la convivencia. Exhibe un desorden de valores altamente temerario, o francamente ridículo.

Es frecuente invocar la excusa de la legalidad moral de la matanza alimentaria apelando a que «sirve para alimentarse». Servidor duda que las langostas (cocidas vivas en agua hervida), el caviar o el faisán -o mismamente los vacunos sacrificados- estén alimentando a un mundo hambriento. Desde hace siglos la mayoría se malalimenta con productos no cárnicos, digamos arroz acompañado por ocasionales pedacitos de pescado, chorizo o una carne barata. Proteínas, las justas. La justificación alimenticia de la masacre de las carnes ofende a la razón. En Argentina la ingesta de carne es un ritual de amistad, celebración familiar y festín para el paladar; no se trata de alimentarse ni paliar el hambre. Otra mala broma de las juventudes animalistas adoctrinadas en Facebook: una familia media malamente puede pagar un asado (barbacoa fetén) por mes, la carne es un lujo. Descartemos esta lobotomía portátil que justifica la escabechina que pone en funcionamiento la industria cárnica y marítima. Los restaurantes de tres estrellas Michelin parecen no importar un pepino a los muy humanitarios enemigos sanguinarios de las corridas de toros. Creo que estos detractores de los toros, tan llenos de razones como de equivocaciones, responden a una pereza intelectual aguda, agresiva y terminal: no leen libros (aunque existe el caso de universitarios ensoberbecidos de lecturas académicas que nunca se equivocan). Mayormente, mis justicieros viven embutidos en sus teléfonos galácticos y difícilmente leen a diario el periódico -o periódicamente el diario- para formarse una conciencia mínimamente aceptable; y no es que me crea a rajatabla todo lo que leo, más bien se trata de entrenamientos de gimnasia mental para poder opinar con algún fundamento, incluso leyendo entre líneas editoriales.

La tauromaquia no es maltrato de animales, ni asesinato, ni tortura. La tauromaquia es compás, es valor y es respeto por el medio ambiente y por el toro. Es ecológica y sostiene una tradición ganadera ejemplar. Es cultura benigna, porque es la costumbre de las letras de Lorca, de la tinta china de Picasso, de los libros de Hemingway, del texto imperdible de José Bergamín, de la historia contada por Belmonte y Chaves Nogales; es la tauromaquia de Dalí y de aquellos que aman al toro en la plaza, embistiendo con peligro en cada galope. Es arte que ofrece la vida. Es música, color y valor.

Valores, buenas tradiciones. Es pueblo y campo, es ciudad y es algarabía, es encierros y novilladas, es ilusión de niños toreros. Da sentido a la vida de los aficionados y a la vida del toro, el más amado de los animales (con permiso de las mascotas que esperan castradas que les permitan orinar mientras mendigan la atención de los dueños que, a falta de un amor mejor, se retratan con el perro para mostrar la foto en san Valentín). El móvil es el mejor amigo del hombre, el perro es un animal doméstico, que vive castrado sin conocer jamás la vida silvestre. El toro es el animal mitológico que representa la leyenda.

Mientras la humanidad acorrala el hábitat de los animales silvestres construyendo ciudades, caminos, y fomentando cambios climáticos, la tauromaquia protege la ecología sostenible del campo bravo y salva la existencia de la raza y su bravura. Pero la inquisitorial animalista no entiende ni quiere entender que no hay razón alguna que convalide la violación de los derechos humanos. Las juventudes animalistas (no hay edad para celebrar la intolerancia ni la ingesta inapropiada de información demagógica) están en su punto más alarmante de frivolidad y holgazanería. Y el juego político, que ofrece a diario un lamentable espectáculo, menosprecia con demagogia la cuestión para rascar unos votos. No llueve a gusto de todos. Pero no se puede parar la lluvia y prohibirla resulta una necedad imperdonable, que no se justifica con desinformación rampante, con desprecio por la voluntad de las gentes y su derecho a la libertad, ni para engordar el caldo de puchero de la clase política que atropella flagrante el espíritu del pueblo. ¡Para variar!








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lunes, 25 de abril de 2016

Garnelo 1: Tarde de toros

Tarde de toros.



Laethem: Toros en Benavente

Jacob van Laethem pintó el cuadro titulado "Corrida de toros en Benavente en honor de Felipe el Hermoso".





Realizado en 1506, se conserva en el Castillo de la Follie, Ecaussines (Bélgica).

Picasso 4: La corrida de toros



1900. Centro Nacional de Arte Reina Sofía.

Fortuny 1: Corrida de toros

Hacia 1867-1868
Óleo sobre lienzo, 30 x 46 cm.
Madrid, Museo Nacional del Prado

Señoritos y animaladas

Con el título arriba expuesto ha aparecido en el Diario de Jerez una tribuna libre firmada por Rafael Rodríguez Prieto, que es profesor titular de Filosofía del Derecho y Política de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla. Merece la pena que sea reproducido, lo que hago encantado:

No, no me gustan los toros. Me aburren. Hay gente que no soporta el rock, la lectura o es incapaz de imbuirse en el arte que se desprende de la mejor filmografía de John Huston. Probablemente carezco de la formación suficiente para apreciar una buena faena; de los conocimientos o del gusto estético que me permitiría compartir una emoción que ha influido en la pintura, literatura o música de genios como Pablo Picasso u Orson Wells. Pero el toreo no es tan sólo un arte: es el Mediterráneo, nuestro mar, desde los muros del palacio de Knossos en Creta a los grabados de Goya. El toreo como la ópera es una representación de la vida, de los colores, la poesía y la pasión. Es parte de nuestra historia y una forma de no olvidarnos de quiénes somos, a pesar de vivir en un tiempo en que la historia parece tratar de reducirse de forma abrupta y fascista a un trending topic o un instante consumido para no significar nada.

Cuando algunos estudiantes australianos me preguntaban por el "deporte" del toro, les tenía que aclarar que la tauromaquia no pertenece a la categoría del rugby. A su vez, les explicaba que el Toro de la Vega y salvajismos similares, pero con patente de corso como los correbous, son tan lesivos para el mundo del toro, como para cualquiera que tenga una mínima sensibilidad hacia los animales.

El filósofo Baruch Spinoza nos decía que el alma, por ser una idea del cuerpo, está tan unida con él que ambos así constituidos forman juntos un todo. La plasticidad del toreo, la comunicación entre animal y torero, nos ofrece un sentido estético único, universal y hasta sagrado. Ojalá pudiera sentirlo. De momento, soy capaz de respetar a aquellas personas que lo disfrutan y valorar a aquéllos que lo practican como el matador de toros Juan José Padilla, un gaditano como yo. Es por eso que no puedo sentir más que desconcierto, asco y tristeza al leer las críticas de algunos párvulos intelectuales a su participación en una campaña de la Diputación de Cádiz.

Este torero, al contrario que muchos señoritos animalistas, tiene un trabajo. Un oficio con el que se gana y juega la vida. Una labor que permite a otros muchos llegar a fin de mes. Que ayuda a que pueblos y dehesas no se transformen en desiertos. Una profesión que contribuye a mantener un cierto equilibrio medioambiental y social.

El animalismo no tiene que conducir a la animalada. No obstante, en España todo puede suceder. Proteger a los animales es algo encomiable que además no es extraño al mundo del toro. Todo lo contrario. Sin embargo, cuando el animalismo se practica por señoritos dedicados a ejercer la superficialidad políticamente correcta resumida en su siguiente prohibición, se transforma en animalada. Que el nacionalismo racista y xenófobo que padecemos en España lo haya hecho en Cataluña con el fin de extirpar cualquier elemento común es lógico. ¿Si lo hacen con la lengua usada por parte de la mejor novela catalana -Marsé o Vázquez Montalbán- quién les iba a impedir que no perpetraran algo similar con la tauromaquia? Pero que en el resto de la península se ufanen en repetir la animalada nos muestra una estulticia en grado sumo. Al menos unos tienen un objetivo político diáfano; los otros sólo un proceloso entendimiento tamizado por horas de series bien conocidas y eslóganes concienzudamente aprendidos para no tener que molestarse en leer, razonar o reflexionar por sí mismos.

Su visión no les permite respetar a aquél que ama la tauromaquia. Es como si los seguidores más acérrimos de Sálvame Deluxe decidieran prohibirnos el teatro de Buero Vallejo o Brecht porque son incapaces de apreciarlo. Esta pandillita de señoritos no sólo pretende imponernos sus gustos estéticos; también castigar a cualquiera que ose rebelarse contra su pose neoinquisitorial. Por eso se apostan cerca de las plazas de toros insultando a toda persona que simplemente pretende cultivar una afición artística y profundamente culta. Incluso ha habido ocasiones que algunas de sus acciones han puesto en peligro la seguridad de los que se encontraban por las calles aledañas. ¿Acaso los taurinos van a reventarles sus actos? ¿Es que no hay verdaderas causas animalistas en las que concentrarse? La mercantilización extrema de los alimentos o la destrucción dramática de especies irrecuperables perpetrada por furtivos no parecen tener la suficiente entidad para ellos. Probablemente porque siempre es más fácil escupir en el plato de alguien con la suficiente educación y paciencia para no responder. Pero las autoridades no pueden seguir mirando hacia otro lado. Es hora de tomar partido contra el clasismo y la incultura.


viernes, 8 de abril de 2016

Carta de un taurino a un alcalde demagogo

El Presidente de la Federación de Asociaciones Taurinas de la Región de Murcia ha salido del anuncio de un posible referéndum sobre la fiesta de los toros en la población murciana de Fortuna. Paco García da la cara en nombre de los aficionados integrados en clubs, peñas, asociaciones, foros... y le ha dirigido una carta a la opinión pública y al alcalde que dice textualmente:

"El Sr. Alcalde de Fortuna, D. José Enrique Gil, quiere proponer un referéndum para declarar al municipio "libre de maltrato animal” y suprimir la suelta de vaquillas y los festejos taurinos en la localidad que cuenta con un matador de toros, Juan Belda, que esperaba el festejo de su pueblo para seguir manteniendo viva la llama de su ilusión por proyectar Fortuna a través de la Tauromaquia.

Sr. Alcalde, Vd. no tiene potestad para suprimir los festejos taurinos, el ordenamiento jurídico español no sólo no prohíbe la Tauromaquia, sino que la protege, la blinda y se constituye en un mandato expreso a los poderes públicos para su fomento, divulgación y protección, especialmente a partir de la Ley 18/2013, de 12 de noviembre, que regula la Tauromaquia como Bien de Interés Cultural; Esta Ley fue consecuencia de una Iniciativa Legislativa Popular, que fue avalada por 580.000 firmas.

D. José Enrique Gil, Fortuna no es de su propiedad, ni tampoco sus habitantes, Vd debe gobernar para todos sin exclusión, le recuerdo datos reales y concretos, las fiestas taurinas le cuestan al municipio 15000 euros. Mire usted, la Seguridad Social de ese festejo pasa de los 6000 euros y piense que el 21% de los ingresos en taquilla hay que destinarlos a pagar el IVA, si suma, ya tiene el dinero de la ayuda revertido en forma de impuestos, esto sin contar la repercusión económica a todos los sectores, restauración, hoteles, tiendas etc.. Pero hay más, no sé si sabe que los 2767 Ayuntamientos que organizaron festejos taurinos en sus distintas modalidades, destinaron a éstos un irrelevante 1,4% del global de los programas municipales en Cultura de España, valore Vd los porcentajes. Hay que decir fuerte y claro que son los festejos taurinos, y no al revés, los que financian con sus impuestos e ingresos a la Administración española.

Sr. Alcalde, que los aficionados a los toros de Fortuna también pagan sus impuestos y no le piden a usted que someta a referéndum las Fiestas de Sodales Ibero romanas, o las visitas teatralizadas, o las muy costosas verbenas con grupos musicales, o las competiciones deportivas, o los juegos de la tercera edad y todas las demás cosas que aparecen en el Programa de Festejos y se pagan con el dinero de todos, aunque no a todos les gusten determinadas cosas, así es la democracia Sr. Alcalde.

¿Pretende someter a referéndum parte de la Cultura de Española protegida por el Ministerio de Cultura?, Mire Sr. Alcalde, no solamente es legal sino que tenía que protegerlo cumpliendo con su obligación. Pero, por si no lo sabe, los aficionados a los toros ya estamos hartos de que se nos utilice como arma política, como si no hubiese otros problemas mucho más importantes que resolver y, el pasado año se produjo la presentación de la primera querella criminal contra un alcalde por las acciones en contra de la Fiesta de los Toros, fue en Xirivella, contra el alcalde Michel Montaner Berbel, por prevaricación.

Vivimos en una Comunidad que fue la primera en declarar los Toros como un Bien de Interés Cultural Inmaterial y esperamos que el Presidente y el Delegado de Gobierno de esta Comunidad no permitan que se vulnere la legislación vigente.

Sr. Alcalde, respete la libertad del pueblo; su referéndum sólo puede conducir a un enfrentamiento entre los vecinos de Fortuna. La Fiesta de Los Toros está tan arraigada en España como lo está en su pueblo, el cual también forma parte de la "piel de Toro” y otras manifestaciones culturales como la Semana Santa, los conciertos, actividades folclóricas etc.; desde la Federación de Asociaciones Taurinas de la Región de Murcia le pedimos responsabilidad en su forma de gobernar para todos los fortunenses en general y para los aficionados en particular

Fdo.- Francisco García, Pte. FF.AA.TT. Región de Murcia"

viernes, 1 de abril de 2016

El Correo de Xerez

El 1 de abril de 1800 "El Correo de Xerez" comenzó a publicarse y siguió publicándose hasta mayo de 1808. Era obra de Francisco Josep de Barreda. Se publicaba los jueves y los domingos y contenía un gran número de poesías. Entre éstas, en el número 8, del domingo 27 de abril de 1800, incluye unas octavas «A unas fiestas de toros que se hizo en cierta Ciudad», en las que se describe con tono jocoso y festivo el discurrir de la
fiesta, entre bromas y veras y ripios incontables.